Ese oscuro objeto del deseo

Claro, Apple hace un anuncio sobre el tamaño del iPhone y que todo está medido al milímetro para que cómodamente puedas manejarlo con tu pulgar oponible de primate (lo puedes ver aquí), y rápidamente haces la conexión diseño-pensado-caro, y ves hasta normal que te cueste un ojo de la cara tener el último modelo. «Bueno – pensarás,– es que es un objeto de diseño».

Pero no debe ser así. Todos los diseños de todas las cosas han sido ideados por alguien. Y algunos siguen igual que hace cien años porque en si, han alcanzado ya la máxima simplicidad y funcionalidad posibles. Y eso no debe ser un lujo. Ya comentaba Munari en su genial obra Cómo nacen los objetos, que «el lujo es pues la utilización impropia de materiales costosos sin mejorar sus funciones.», por tanto, es una estupidez querer tener un baño con grifos de oro cuando la función de éstos es la de proporcionar agua. En el preciso momento en que dejas patente que hay detrás un diseño, un pensamiento, parece que puedas pedir mucho más por ese objeto. Ojo, no digo que no haya que valorar ese trabajo previo que hay detrás, lo que veo mal es que se presuponga que es algo exclusivo cuando en realidad es algo que se debe considerar inherente a todos los objetos (el que hayan sido pensados).

Todas estas cuestiones se me vinieron a la mente durante el visionado del documental Objectified en la clase de «Teoría y Cultura del Diseño» (puedes verlo aquí). Si, entiendo que podía haber estado garabateando letras en el papel o mirando a escondidas el «whatsapp», pero ponme algo relacionado con diseño en una pantalla, y adiós mundo.

El buen diseño es invisible, no lo notas, y va desde esa estupenda silla en la que te sientas, hasta un banco de un parque o una buena experiencia de usabilidad en una web que te permite moverte por ella sin creer que estás en el infierno. Y de todo eso se habla en Objectified, que si bien se centra más en el Diseño Industrial, no hay que obviar que en el fondo está tratando sobre el diseño y el lugar que éste ocupa en nuestra realidad.

Y hasta aquí puedo escribir.

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La pregunta del millón

¿Qué es el diseño gráfico?, esa temida pregunta que a nosotros, como inminentes diseñadores en ciernes que somos, nos pueden soltar así de sopetón, a las bravas. Y de hecho, es la cuestión con la que se presentaba nuestra nueva docente de «Teoría y Cultura del Diseño» hace ya un par de semanas, cuando empezábamos nuestro tercer curso en los Estudios Superiores de Diseño Gráfico.

Antes de contestar, te paras a pensar sobre lo que consideras que es diseño gráfico para tí, no vaya a ser que metas la pata en el primer día por pecar de impetuoso y contestar a lo loco. Evidentemente consideras que el diseño gráfico se basa en querer comunicar algo, valiéndose de recursos gráficos; una definición que, a grosso modo, no está mal. Pero luego visionas el documental dirigido por Marcelo Gabriele y Franco Monti (que puedes ver aquí), con el mismo nombre que la pregunta de marras, y ves que apenas has rozado la superficie, o mejor dicho, que hay más de una definición, y que todas son válidas en mayor o menor medida.

Una de las frases que abren el documental viene de un rotulista, que se queja de esta época tan nuestra de la prisa y las cosas hechas casi con alma de robot, y que reza que «el diseño gráfico es oficio». Que gran verdad, porque es cierto, nuestro trabajo podemos decir que es casi nuestro hobby: nos encanta pasar tiempo maquetando desde un libro hasta un folleto, o ilustrando un artículo de una revista, o haciendo un juego de iconos para una interfaz de un programa nuevo, o diseñando los glifos de una nueva tipo. Pero no hay que olvidarlo, es un trabajo, y como tal, debe estar remunerado, algo que hace poco nos recordaba Pablo Martín, reciente Premio Nacional de Diseño (lo puedes leer aquí).

Pero se pueden recoger otra serie de afirmaciones en el documental que no son menos ciertas, como que el diseño hace mejor el mundo, lo intenta mejorar, o como dice Anna Calvera en una ponencia sobre diseño en la Universidad de Montevideo (que puedes ver aquí), nuestra labor es la de ejercer como agentes para la estetización de la cotidianidad. Que grande.

En definitiva, el Diseño Gráfico tiene una función de comunicación, algo intrínseco en el hombre y por ello, debemos considerarlo como cosustancial a éste. También es un oficio, es una profesión, y como tal debe tener un reconocimiento social, y por ser profesión, implica que cumple un servicio en la sociedad. Se debe igualmente considerar como una articulación de muchas disciplinas, y como una disciplina en continuo cambio (ya que los soportes comunicacionales lo hacen).

Y hasta aquí puedo escribir.